El billete de $ 20 mil

Los padres de muchos de nosotros que estamos, en mi caso, ingresando a las cuatro décadas, no tuvieron la ocasión de formarse en universidades, institutos profesionales ni en CFT. Sin embargo, su gran orgullo, y con justa razón, es la educación y enseñanza que nos dejaron. Y no estaba basada en complejas teorías, ni sesudos tratados escritos por algunos iluminados en épocas pretéritas…

 

Aquí un ejemplo…

 

Hace algunos meses, mi padre, hombre de campo que ya pasa de 80 años, me pidió que lo acompañara a la Feria Libre de Curicó. Acompañarlo a realizar trámites o compras, no es algo anormal, por lo que en aquella ocasión lo único que me resultó extraño, es que la primera actividad del día, era visitar la feria libre, en circunstancias que habitualmente, era lo último en la agenda.

 

Pues bien, estando en el lugar, preguntó por un comerciante que vende legumbres, debo decir, que en ese recinto con más de 500 locatarios, debe haber por lo menos 10 que venden lo mismo. El hecho, es que él buscaba a uno en especial. Luego de seguir algunas indicaciones que traía, dimos con un señor y se produjo el siguiente diálogo.

 

Mi padre: “Señor, usted a mi no me conoce, pero ayer, mi esposa por error le pagó una compra de $ 2.500.- con un billete de $ 20 mil. Ese billete era FALSO!. Y yo le vengo a pagar con dos billetes de $ 10 mil, que son verdaderos.”

 

Comerciante: “La verdad no me había dado cuenta. Pero muchas gracias”

 

Mi padre: “Hasta luego y disculpe.”

 

Que gran lección y aprendizaje me llevé esa mañana y ni siquiera tuve entrar a una sala de clases.

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